Novena a la Divina Misericordia

Novena a la Divina Misericordia

Novena a la Divina Misericordia   novenamisericor

“Deseo –dijo el Señor Jesús a Sor Faustina- que durante esos nueve días lleves a las almas a la fuente de mi misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y, especialmente, en la hora de la muerte. Cada día traerás a mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de mi misericordia. Y todas estas almas yo las introduciré en la casa de mi padre (…) Cada día pedirás a mi Padre las gracias para estas almas por mi amarga pasión”.

Primer día

Hoy, tráeme a toda la humanidad y especialmente a todos los pecadores, y sumérgelos en el mar de mi misericordia. De esta forma, me consolarás de la amarga tristeza en que me sume la pérdida de las almas.

Jesús misericordiosísimo, cuya naturaleza es la de tener compasión de nosotros y de perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu bondad infinita.

Acógenos en la morada de tu compasivísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él. Te lo suplicamos por tu amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.

Padre eterno, mira con misericordia a toda la humanidad, y especialmente a los pobres pecadores que están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús y por su dolorosa pasión muéstranos tu misericordia para que alabemos la omnipotencia de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amen.

Coronilla a la Divina Misericordia

Segundo día

Hoy, tráeme a las almas de los sacerdotes y los religiosos, y sumérgelas en mi misericordia insondable. Fueron ellas las que me dieron fortaleza para soportar mi amarga pasión. A través de ellas, como a través de canales, mi misericordia fluye hacia la humanidad.

Jesús misericordiosísimo, de quien procede todo bien, aumenta tu gracia en nosotros para que realicemos dignas obras de misericordia, de manera que todos aquellos que nos vean, glorifiquen al Padre de misericordia que está en el cielo.
Padre eterno, mira con misericordia al grupo elegido de tu viña, a las almas de los sacerdotes y a las almas de los religiosos; otórgales el poder de tu bendición. Por el amor del Corazón de tu Hijo, en el cual están encerradas, concédeles el poder de tu luz para que puedan guiar a otros en el camino de la salvación y a una sola voz canten alabanzas a tu misericordia sin límite por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Tercer día

Hoy, tráeme a todas las almas devotas y fieles, y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Estas almas me consolaron a lo largo del vía crucis.
Fueron una gota de consuelo en medio de un mar de amargura.

Jesús misericordiosísimo, que desde el tesoro de tu misericordia les concedes a todos tus gracias en gran abundancia, acógenos en la morada de tu compasivísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él. Te lo suplicamos por el inconcebible amor tuyo con que tu Corazón arde por el Padre celestial.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas fieles como herencia de tu Hijo y por su dolorosa pasión, concédeles tu bendición y rodéalas con tu protección constante para que no pierdan el amor y el tesoro de la santa fe, sino que con toda la legión de los ángeles y los santos, glorifiquen tu infinita misericordia por los siglos de los siglos, Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Cuarto día

Hoy, tráeme a aquellos que no creen en Dios y aquellos que no me conocen. También pensaba en ellos durante mi amarga pasión y su futuro celo consoló mi Corazón. Sumérgelos en el mar de mi misericordia.

Jesús compasivísimo, que eres la luz del mundo entero. Acoge en la morada de tu piadosísimo Corazón a las almas de aquellos que no creen en Dios y de aquellos que todavía no te conocen. Que los rayos de tu gracia las iluminen para que también ellas, unidas a nosotros, ensalcen tu misericordia admirable y no las dejes salir de la morada de tu compasivísimo Corazón.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas de aquellos que no creen en ti, y de los que todavía no te conocen, pero que están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús. Atráelas hacia la luz del evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellas ensalcen la generosidad de tu misericordia por los siglos de los siglos, Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Quinto día

Hoy, tráeme a las almas de los hermanos separados y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Durante mi amarga pasión, desgarraron mi cuerpo y mi corazón, es decir, mi Iglesia.
Según regresan a la Iglesia, mis llagas cicatrizan y de este modo alivian mi pasión.

Jesús misericordiosísimo, que eres la bondad misma, tú no niegas la luz a quienes te la piden. Acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas de nuestros hermanos separados y llévalas con tu luz a la unidad con la Iglesia y no las dejes escapar de la morada de tu compasivísimo Corazón, sino haz que también ellas glorifiquen la generosidad de tu misericordia.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas de nuestros hermanos separados, especialmente a aquellos que han malgastado tus bendiciones y han abusado de tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores. No mires sus errores, sino el amor de tu Hijo y su amarga pasión que sufrió por ellos, ya que también ellos están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús. Haz que también ellos glorifiquen tu gran misericordia por los siglos de los siglos, Amen.

Coronilla a la Divina Misericordia

Sexto día

Hoy, tráeme a las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas en mi misericordia. Éstas son las almas más semejantes a mi Corazón. Ellas me fortalecieron durante mi amarga agonía. Las veía como ángeles terrestres que velarían al pie de mis altares. Sobre ellas derramo torrentes enteros de gracias. Solamente el alma humilde es capaz de recibir mi gracia; concedo mi confianza a las almas humildes.

Jesús Misericordisísimo, tú mismo haz dicho: “Aprendan de mi, que soy manso y humilde de corazón”. Acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños. Estas almas llevan a todo el cielo al éxtasis y son las preferidas del Padre celestial. Son un ramillete perfumado ante el trono de Dios, de cuyo perfume se deleita Dios mismo. Estas almas tienen una morada permanente en tu compasivísimo Corazón y cantan sin cesar un himno de amor y misericordia por la eternidad.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas mansas y humildes, y a las almas de los niños pequeños que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son las más semejantes a tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra y alcanzan tu trono. Padre de misericordia y de toda bondad, te suplico por el amor que tienes por estas almas y el gozo que te proporcionan, bendice el mundo entero para que todas las almas canten juntas las alabanzas de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Séptimo día

Hoy, tráeme a las almas que veneran y glorifican mi misericordia de modo especial y sumérgelas en mi misericordia. Estas almas son las que más lamentaron mi pasión y penetraron más profundamente en mi espíritu. Ellas son un reflejo viviente de mi Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con un resplandor especial en la vida futuro. Ninguna de ellas irá al fuego del infierno.
Defenderé de modo especial a cada una en la hora de la muerte.

Jesús misericordisísimo, cuyo corazón es el amor mismo, acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas que veneran y ensalzan de modo particular la grandeza de tu misericordia. Estas almas son fuertes con el poder de Dios mismo. En medio de toda clase de aflicciones y adversidades siguen adelante confiadas en tu misericordia y unidas a ti, ellas cargan sobre sus hombros a toda la humanidad.
Estas almas no serán juzgadas severamente, sino que tu misericordia las envolverá en la hora de la muerte.
Padre eterno, mira con misericordia a aquellas almas que glorifican y veneran tu mayor atributo, es decir tu misericordia insondable y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son un evangelio viviente, sus manos están llenas de obras de misericordia y sus corazones desbordantes de gozo cantan a ti, Oh altísimo, un cántico de misericordia.
Te suplico, oh Dios, muéstrales tu misericordia según la esperanza, la confianza que han puesto en ti, que se cumpla en ellas la promesa de Jesús que les dijo: “A las almas que veneren esta infinita misericordia mía, Yo mismo las defenderé como mi gloria durante sus vidas, especialmente en la hora de la muerte”.

Coronilla a la Divina Misericordia

Octavo día
Hoy, tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Que las torrentes de mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a mi justicia. Está en tu poder llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia y ofrécelas en su nombre. Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tiene con mi justicia.
Jesús misericordisísimo, tú mismo has dicho que deseas la misericordia, he aquí yo que llevo a la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas del purgatorio, almas que te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adecuada a tu justicia. Que los torrentes de agua y sangre que brotaron de tu Corazón apaguen el fuego del purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de tu misericordia.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el purgatorio y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa pasión de Jesús, tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su sacratísima alma fue inundada, muestra tu misericordia a las almas que están bajo tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, tu amadísimo Hijo, ya que creemos que tu bondad y tu compasión no tienen límites. Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Noveno día
Hoy, tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Estas almas son las que más dolorosamente hieren mi Corazón. A causa de las almas tibias, mi alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellos dije: “Padre, aleja de mí este cáliz, si es tu voluntad”. Para ellos la última tabla de salvación consiste en recurrir a mi misericordia.
Jesús misericordiosísimo, que eres la compasión misma, te traigo a las almas tibias a la morada de tu piadosísimo Corazón. Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y te llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de tu amor puro. Oh Jesús compasivísimo, ejercita la omnipotencia de tu amor y concédeles el amor santo, porque ti lo puedes todo.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas tibias que, sin embargo, están encerradas en el piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la misericordia, te suplico por la amargura pasión de tu Hijo y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que también ellas glorifiquen el abismo de tu misericordia. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia

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Coronilla

La coronilla

Coronilla de la Divina Misericordia     guia_corona

El Señor Jesús dictó esta oración a Sor Faustina en Vilna, en 1935. En las revelaciones posteriores mostró su importancia y eficacia así como transmitió las promesas a ella vinculadas.
En esta oración ofrecemos a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo, nos unimos a su Sacrificio en la cruz para salvar el mundo.
Ofreciendo a Dios Padre su “amadísimo Hijo”, recurrimos al motivo más fuerte para ser escuchados. Pedimos la misericordia “para nosotros y el mundo entero”. El pronombre “nosotros” se refiere a la persona que reza y a las almas por las cuales desea o está comprometida a orar. Mientras que “el mundo entero” son todas las personas que viven en la tierra y las almas que sufren en el purgatorio. Rezando esta coronilla cumplimos el acto de amor al prójimo que –junto con la confianza- es la condición indispensable para alcanzar gracias.

“A las almas que recen esta coronilla –prometió el Señor Jesús- me place concederles todo lo que me pidan”; y agregó: “si (…) está de acuerdo con mi voluntad”.

Las promesas particulares se refieren a la hora de la muerte: es la gracia de una muerte feliz y serena. La pueden recibir no solo quienes recen esta coronilla con confianza y perseverancia, sino también los moribundos si otras personas las rezan en torno a su lecho.

“Los sacerdotes –dijo Jesús- la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de la misericordia infinita”.

Por lo menos una vez, pero con la actitud conforme al contenido de la oración y ante todo con fe, confianza y humildad, así como un arrepentimiento profundo y sincero.

La coronilla a la Divina Misericordia
(Para rezarla con las cuentas del rosario)

Al comienzo

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos. Está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.

Al comienzo de cada decena:

Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero (una vez).

En cada cuenta de la decena:

Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero (diez veces).

Al terminar:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero (tres veces).

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La propagación de la devoción

La Propagación

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“A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellos Juez sino Salvador misericordioso”.

El Señor Jesús invitando a propagar la devoción a la Divina Misericordia prometió la protección maternal durante la vida y en la hora de la muerte. Una promesa especial la dio a los sacerdotes diciendo:

“los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y conmoveré los corazones a los cuales hablen”.

La esencia del culto a la Divina Misericordia y de su apostolado consiste en el testimonio de vida en el testimonio de vida en el espíritu de esta devoción, es decir en el espíritu de una confianza infantil en la bondad y la omnipotencia de Dios y el amor al prójimo.

“Las almas –dijo el Señor Jesús- que adoren mi misericordia y propaguen la devoción a ella invitando a otras almas a confiar en mi misericordia no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi misericordia les dará amparo en este último combate”.

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La Hora

 la horajpg“Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma”. “Esta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero”.

El Señor Jesús desea que cada día sea venerado el momento de su agonía en la cruz (las tres de la tarde), en el que –según dijo- “se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia”.
Desea también que a esta hora sea contemplada su dolorosa pasión, en la que se manifestó con máxima claridad el amor de Dios al hombre, y que sea adorada y alabada la misericordia de Dios. Quiere asimismo que por los méritos de su pasión supliquemos las gracias para nosotros y para el mundo entero y, especialmente para los pecadores.

“En esta hora –enseñó Jesús a Sor Faustina- procura rezar el vía crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el vía crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a mi Corazón que está lleno de misericordia.
Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante”.

“Es la hora –según lo prometió Jesús- en que puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. A esa hora nada le será negado al alma que me lo pida por los méritos de mi pasión”.

La oración en la hora de la misericordia se une estrechamente con las tres de la tarde, debe ser dirigida a Jesús y debe apelar al valor y a los méritos de su dolorosa pasión.

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La imagen

IMG_20140626_242920168_HDRLa imagen de Jesús Misericordioso

Su origen se vincula con la visión que Sor Faustina tuvo en Plock, el 22 de Febrero de 1931 y durante el cual Cristo le expresó su voluntad de que pintara tal imagen y pusiera abajo la siguiente inscripción: Jesús, en vos confío.

La imagen presentada a Cristo resucitado con la señal de la crucifixión en las manos y en los pies. Del Corazón traspasado (invisible en la imagen) salen dos rayos: rojo y pálido. Jesús, preguntado por lo que significaban, explicó:

“El rayo pálido simboliza el agua que justifica a las almas, el rayo rojo simboliza la sangre que es la vida de las almas. Ambos rayos brotan de las entrañas más profundas de mi misericordia cuando mi corazón agonizante fue abierto en la cruz por un lanza”. Estos rayos representan, pues, los sacramentos y todos los dones del Espíritu Santo, cuyo símbolo bíblico es el agua. “Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, -dijo Jesús-, porque no le alcanzará la justa mano de Dios”.

La imagen presenta, pues, la inmensa misericordia de Dios que fue revelada plenamente en el misterio Pascual de Cristo y que se realiza en la Iglesia con mayor plenitud a través de los sacramentos. La imagen ha de desempeñar el papel de un recipiente para recoger gracias y de una señal que ha de recordar a los fieles la necesidad de confiar en Dios y de ejercer la misericordia hacia el prójimo. De la actitud de confianza hablan las palabras puestas en la parte de debajo de la imagen: Jesús, en vos confío. “Esta imagen –dijo Jesús- ha de recordar las exigencias de mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”.

El culto a la imagen consiste en una oración confiada acompañada de obras de misericordia. Con tal comprensión del culto a la imagen, Jesús relacionó las siguientes promesas:

-La gracia de la salvación eterna.

-Grandes progresos en el camino hacia la perfección cristiana.

-La gracia de una muerte feliz y todas las demás gracias y beneficios temporales que las personas misericordiosas le pedirán con confianza.

“Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la inscripción: Jesús, en vos confío. “Por medio de esta imagen colmaré de gracias a las almas, por eso quiero que todas las almas tengan acceso a ella”. “Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, en la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como mi gloria”.

“Me quema las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. Oh, qué dolor me dan cuando no quieren aceptarlas (…) Dile a la humanidad doliente que se abrace a mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz”. “La humanidad no encontrará la paz hasta que no se dirija con confianza a mi misericordia”.

También le dice al mundo:

“Habla al mundo de mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita misericordia mía. Es la señal de los últimos tiempos. Después de ella, vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la fuente de mi misericordia, que se beneficien de la sangre y del agua que brotó para ellos. Antes de venir como el Juez justo, abro de par en par las puertas de mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de mi misericordia, deberá pasar por la puerta de mi justicia”.

Acto de Confianza en la Divina Misericordia

Oh Jesús misericordiosísimo, tu bondad es infinita y el tesoro de tus gracias incalculable.

Confío sin límites en tu misericordia que está por encima de todos tus actos. Me abandono enteramente en ti y sin reparos para, de este modo poder vivir y caminar hacia la perfección cristiana.

Deseo propagar tu misericordia mediante obras de misericordia corporales y espirituales, procurando especialmente la conversión de los pecadores, consolando y asistiendo a los que necesitan ayuda, a enfermos y afligidos.

Protégeme, Oh Jesús, como tu propiedad y tu gloria. A veces tiemblo al darme cuenta de mi debilidad, pero a la vez tengo una confianza infinita en tu misericordia. ¡Que toda la gente conozca, con tiempo, la insondable profundidad de tu misericordia, tengan confianza en ella y la glorifique por siempre! Amen.

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La Fiesta de la Divina Misericordia

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La Fiesta de la Divina Misericordiafiesta

De acuerdo con el deseo del Señor Jesús, la fiesta ha de celebrarse el primer domingo de Pascua, lo que indica la estrecha relación que hay entre el misterio de la redención y esta fiesta. La liturgia de ese día alaba con la máxima plenitud a Dios en el misterio de su misericordia.

En la Fiesta de la Misericordia ha de ser no solamente un día de adoración especial a Dios en este misterio, sino también un día en que Dios colma de gracias a toda la humanidad, y en especial a los pecadores. El Señor Jesús vinculó grandes promesas a esta fiesta. La más grande la unió con la Santa Comunión que se reciba este día y es la promesa del perdón total de las culpas y de las penas, es decir, de la gracia que recibimos solamente en el sacramento del bautismo. La magnitud de esta fiesta consiste también en que todos, incluso quienes se convierten recién ese día, pueden recibir todo lo que pidan, si lo que piden está conforme a la voluntad de Dios.

“Deseo, -dijo Jesús a Sor Faustina- que esta imagen (…) sea bendecida solemnemente el primer domingo después de Pascuas; ese día debe ser la Fiesta de la Misericordia”. “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlatas”.

“La Fiesta de mi Misericordia ha brotado de (mis) entrañas para el consuelo del mundo entero (…) y está confirmada en el abismo de mis tiernas gracias”.

Prepara a la Fiesta de la Misericordia la Novena que consiste en rezar la Coronilla de la Divina Misericordia durante 9 días, a partir del Viernes Santo. En el Diario de Sor Faustina hay también otra novena que el Señor Jesús dictó para ella y dio una promesa pero destinada sólo para ella.

Celebración de la fiesta de la Misericordia

El Señor Jesús desea que ese día la imagen de la Misericordia sea bendecida solemnemente y venerada en público, es decir, litúrgicamente; que los sacerdotes hablen a las almas de esta inmensa e insondable misericordia de Dios.

Los fieles, para recibir estos grandes dones con los cuales el Señor Jesús desea colmar a cada hombre y a toda la humanidad, tienen que estar en estado de gracia santificante (después de confesarse), cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia, es decir, confiar en Dios y amar activamente al prójimo, y beber de la Fuente de la Vida, es decir, recibir la santa Comunión.

El Sacramento de reconciliación y penitencia

Palabras del Señor Jesús a Sor Faustina

“Cuando te acerques a la santa confesión, a esta fuente de mi misericordia, siempre fluye sobre tu alma la sangre y el agua que brotó de mi Corazón y ennoblece tu alma. Cada vez que vas a confesarte, sumérgete toda en mi misericordia con gran confianza para que pueda derramar sobre tu alma la generosidad de mi gracia. Cuando vas a confesarte debes saber que yo mismo te espero en el confesionario, sólo que estoy oculto en el sacerdote, pero yo mismo actúo en el alma. Aquí la miseria del alma se encuentra con el Dios de la misericordia. Dí a las almas que de esa fuente de la misericordia, las almas recogen gracias exclusivamente con el recipiente de mi confianza. Si su confianza es grande, mi generosidad no conocerá límites. Los torrentes de mi gracia inundan a las almas humildes. Los soberbios permanecen siempre en pobreza y miseria porque mi gracia se aleja de ellos dirigiéndose hacia las almas humildes”.

También nos dice a las almas:

“Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo. Allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten constantemente. Para obtener este milagro no es necesario hacer una peregrinación larga ni realizar ningún rito externo, sino que basta acercarse con fe a los pies de mi representante y confesarle con fe su miseria, entonces, el milagro de la misericordia se manifestará en toda su plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose, de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese perdido, no es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. ¡Oh, cuán infelices son los que no se aprovechan de este milagro de la Divina Misericordia! Lo pediréis en vano, pero será demasiado tarde”.

La Santa Comunión

La participación en las gracias preparadas por el Señor Jesús para la fiesta de la Misericordia, se relaciona con una plena participación en la liturgia de la Santa Misa, es decir, es necesario recibir la Santa Comunión a la cual se vincula la promesa del perdón total de las culpas y de las penas.

Palabras del Señor Jesús a Sor Faustina

“Deseo unirme a las almas humanas; mi gran alegría es unirme a las almas (…) Cuando en la Santa Comunión llego a un corazón humano, tengo las manos llenas de toda clase de gracias. Deseo dársela al alma, pero las almas ni siquiera le prestan atención; me dejan solo y se ocupan de otras cosas. ¡Oh, qué triste es para mi que las almas no reconozcan al Amor!”

“Oh, cuánto me duele que muy rara vez las almas se unan a mí en la Santa Comunión. Espero a las almas y ellas son indiferentes a mí. Las amo con tanta ternura y sinceridad y ellas desconfían de mí. Deseo colmarlas con gracias y ellas no quieren aceptarlas. Me tratan como una cosa muerta, mientras que mi Corazón está lleno de amor y misericordia”.

Para leer más sobre la Divina Misericordia

Santa Faustina

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Santa Faustina Kowalska

El testimonio de la vida y el mensaje de Santa Faustina ayudan a realizar las tareas, planteadas por el Santo Padre Juan Pablo II ante toda la Iglesia, de “proclamar y llevar a la práctica” el misterio de la Divina Misericordia y de orar por la misericordia para el mundo entero.

Nació en el año 1905 en la aldea de Glogowiec, cerca de Lodz, como la tercera de diez hermanos en la familia de los Kowalski.

Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, laboriosidad, obediencia y sensibilidad ante la pobreza humana. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para trabajar de empleada doméstica en cada de familias acomodadas.

A los 20 años entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde –como Sor María Faustina- vivió 13 años cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios. Desde niña había deseado ser una gran santa y, en consecuencia, caminó hacia este fin colaborando con Jesús en la obra de salvar a las almas perdidas, hasta ofrecerse como sacrificio por los pecadores. Los años de su vida conventual estuvieron marcados, pues, por el estigma del sufrimiento y las extraordinarias gracias místicas.

A esta sencilla hermana, abandonada totalmente en Dios, le dirigió el Señor Jesús las sorprendentes palabras:

“En el Antiguo Testamento le enviaba a mi pueblo los profetas con truenos. Hoy, te envío a toda la humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad llena de dolor, sino sanarla estrechándola contra mi corazón misericordioso”.

La misión de Santa Faustina consiste en:

 -Recordar la verdad de la fe, revelada en la Sagrada Escritura, sobre el amor misericordioso de Dios a cada hombre, incluido el pecador más grande.

 -Transmitir las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia.

 -Iniciar un gran movimiento de devotos y apóstoles de la Divina Misericordia que ha de llevar a la renovación religiosa de los fieles en el espíritu de esta devoción, es decir, en el espíritu evangélico del abandono de niño en Dios y el amor activo al prójimo.

Sor Faustina, destrozada físicamente por la tisis y los sufrimientos que ofrecía por los pecadores, murió en olor de santidad en Cracovia, el 5 de octubre de 1938, a los 33 años.

El primer domingo después de Pascua, el 18 de abril de 1993, en la Plaza de San Pedro –Roma- el Santo Padre Juan Pablo II la incluyó entre los beatos. Al día siguiente, durante la audiencia general dijo: “Dios nos habló a nosotros a través de la riqueza espiritual de la beata Sor Faustina Kowalska que dejó al mundo un gran mensaje de la Divina Misericordia e invitó al abandono total en el Creador. Dios le dio una gracia especial porque pudo conocer su misericordia a través de las experiencias místicas, gracias a un don extraordinario de la oración contemplativa.

Sor Faustina, te doy gracias por haber recordado al mundo este gran misterio de la Divina Misericordia. Este “conmovedor misterio”. El inexpresable misterio del Padre que hoy en día el hombre y el mundo tanto necesitan”.

Para leer más sobre la divina misericordia

Para leer más

Diario de la Divina Misericordia. Santa Faustina

Padre Pío

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Fiesta: 23 de Septiembre

Devoción al Padre Pío

En un convento de la Hermandad de los Capuchinos, en la ladera del monte Gargano, vivió por muchísimos años el que probablemente fuera el Sacerdote Místico más destacado del siglo XX.

El Padre Pío, nacido en Pietrelcina en 1887, fue un hombre rico en manifestaciones de su santidad. Enorme cantidad de milagros rodearon su vida, testimoniados por miles de personas que durante décadas concurrieron allí a confesarse. Sus Misas, a decir de los concurrentes, recordaban en forma vívida el Sacrificio y Muerte del Señor a través de la entrega con que el Padre Pío celebraba cada Eucaristía.

El Padre Pío, recibió en su vida muchísimos dones y gracias de Dios.

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Entre ellos podemos mencionar su carisma de bilocación: la capacidad de estar presente en dos lugares al mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia muchas veces. El Padre Pío raramente abandonó San Giovanni Rotondo; sin embargo se lo ha visto y testimoniado curando almas y cuerpos en diversos lugares del mundo en distintas épocas.

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También tenía el don de ver las almas: confesarse con el Padre Pío era desnudarse ante Dios, ya que él decía los pecados y relataba las conciencias a sus sorprendidos feligreses (a veces con gran dureza y enojo, ya que tenía un fuerte carácter, especialmente cuando se ofendía seriamente a Dios).

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Tenía también el don de la sanación (a través de sus manos Jesús curó a muchísima gente, tanto física como espiritualmente) y el don de la profecía (anticipó hechos que luego se cumplieron al pie de la letra).

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Su gracia más grande radicó, sin duda alguna, en sus estigmas: en 1918 recibe las cinco Llagas de Cristo en sus manos, en sus pies y en su costado izquierdo. Estas llagas sangraron toda su vida, aproximadamente una taza de té por día, hasta su muerte ocurrida el 23 de Septiembre de 1968. Múltiples estudios médicos y científicos se realizaron sobre sus Estigmas, no encontrándose nunca explicación alguna a su presencia u origen.

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Su sangre y cuerpo emanaban un aroma celestial, a flores diversas, que acariciaba no solo a los asistentes a sus Misas, sino también a quienes se encontraban con él en otras ciudades del mundo, a través de sus dones de bilocación. Vivió sufriendo ataques del demonio, tanto físicos como espirituales, que se multiplicaron a medida que las conversiones y la fe crecían a su alrededor.

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En diciembre de 2001 el Vaticano emite el decreto que aprueba los milagros necesarios para canonizar a nuestro héroe, San Pío de Pietrelcina y fue canonizado el 16 de julio de 2002.

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El 28 de Abril de 2008, a 40 años de su muerte, exhumaron los restos mortales del Padre Pío. Su cuerpo permanece incorrupto.

Sitios para visitar (hacer click sobre la foto)
Santuario Padre Pio.

Santuario Padre Pio. San Giovanni Rotondo

Galería de Imágenes
 

Para leer más sobre el Padre Pío

Película del Padre Pío

 

Fuente: http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=6296

San Miguel Arcángel

stmichaelthearchangelFiesta: 29 de Septiembre

San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “jefe o cabeza de la milicia celestial”. Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.
Se lo representa con el traje de Guerrero o de Soldado Centurión como Príncipe de Milicia Celestial que es.

Muy apropiadamente, es representado en el arte como el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno.

La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.

Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

La Fidelidad de San Miguel para con Dios

El mismo nombre de Miguel, nos invita a darle honor, ya que es un clamor de entusiasmo y fidelidad. Significa “Quién como Dios”.
Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el grito de noble protesta que este arcángel manifestó cuando se rebelaron los ángeles. San Miguel manifestó su fortaleza y poder cuando peleó la gran batalla en el cielo. Por su celo y fidelidad para con Dios gran parte de la corte celestial se mantuvo en fidelidad y obediencia. Su fortaleza inspiró valentía en los demás ángeles quienes se unieron a su grito de nobleza: “¡¿Quién como Dios?!”. Desde ese momento se le conoce como el capitán de la milicia de Dios, el primer príncipe de la ciudad santa a quien los demás ángeles obedecen.

Para leer

San Miguel en las Sagradas Escrituras

San Miguel y la Eucaristía

San Miguel, defensor de los moribunos

¿Por qué necesitamos a San Miguel en estos tiempos?

Para rezar

Oraciones a San Miguel Arcangel

 

Fuente: http://www.corazones.org/santos/miguel_arcangel.htm

Siete dolores de María

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Fiesta de Nuestras Señora de los Dolores: 15 de Septiembre

María quiere que meditemos en sus dolores. Por eso, al practicar esta devoción, es muy importarte que tratemos de vivir con nuestro corazón lo que experimentó su Corazón de Madre tierna y pura en cada uno de esos momentos tan dolorosos de su vida. Si lo hacemos vamos a ir descubriendo los frutos buenos de esta devoción: empezaremos a vivir nuestros dolores de una manera distinta y le iremos respondiendo al Señor como Ella lo hizo.

La devoción a los Siete Dolores de la Virgen María se desarrolló por diversas revelaciones privadas que la Virgen Santísima le comunicó a Santa Brígida de Suecia.

“Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios”.

Nuestra Señora prometió que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

1- “Yo concederé la paz a sus familias”.
2- “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios”.
3- “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos”.
4- “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas”.
5- “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas”.
6- “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre”.
7- “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno”.

Según San Alfonso María Ligorio, Nuestro Señor reveló a Santa Isabel de Hungría que El concedería cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su Madre Santísima:

1. Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta de todos sus pecados.
2. Jesús protegerá en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegerá muy especialmente a la hora de su muerte.
3. Imprimirá en sus mentes el recuerdo de Su Pasión y tendrán su recompensa en el cielo.
4. Encomendará a estas almas devotas en manos de María, a fin de que les obtenga todas las gracias que quiera derramar en ellas.

Meditar los siete Dolores de Nuestra Madre Santísima es una manera de compartir los sufrimientos más hondos de la vida de María en la tierra.

La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz. Al pie de la Cruz, donde una espada de dolor atravesó el corazón de María, Jesús nos entregó a Su Madre como Madre nuestra poco antes de morir. En respuesta a esta demostración suprema de Su amor por nosotros, digamos cada día de nuestras vidas: “Sí, Ella es mi Madre. Jesús, yo la recibo y Te pido que me prestes Tu Corazón para amar a María como Tú la amas.”

Rosario de los 7 dolores

Se reza un Padrenuestro y siete Ave Marías por cada dolor de la Virgen. Al mismo tiempo le pedimos que nos ayude a entender el mal que hemos cometido y nos lleve a un verdadero arrepentimiento. Al unir nuestros dolores a los de María, tal como Ella unió Sus dolores a los de su Hijo, participamos en la redención de nuestros pecados y los del mundo entero.

Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente suplico Tu perdón y por medio de Tu gracia, concédeme ser verdaderamente merecedor de Tu amor, por los méritos de Tu Pasión y Tu muerte y por los dolores de Tu Madre Santísima. Amén.
(Se aconseja leer del Evangelio las citas que acompañan a cada dolor)

Primer Dolor – La profecía de Simeón (cf. Lucas 2,22-35)

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Qué grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las tristes palabras con las que Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de su dulce Jesús. Querida Madre, obtén para mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre

Segundo Dolor – La huida a Egipto (Mateo 2,13-15)

2

Considera el agudo dolor que María sintió cuando ella y José tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentó Ella en la tierra del exilio. Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre

Tercer Dolor – El Niño perdido en el Templo (Lucas 2,41 -50)

3

Qué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida, cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la Reconciliación.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre

Cuarto Dolor – María se encuentra con Jesús camino al Calvario (IV Estación del Vía Crucis)

4Acércate, querido cristiano, ven y ve si puedes soportar tan triste escena. Esta Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. Consideren el tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se encontraron – el dolor de la Madre bendita que intentaba dar apoyo a su Hijo. María, yo también quiero acompañar a Jesús en Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre

Quinto Dolor – Jesús muere en la Cruz (Juan 19,17-39)

5Contempla los dos sacrificios en el Calvario – uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de María. Triste es el espectáculo de la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: “Madre, he ahí a tu hijo”. Y a nosotros nos dijo en Juan: “Hijo, he ahí a tu Madre”. María, yo te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre

Sexto Dolor – María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz (Marcos 15, 42-46)

6Considera el amargo dolor que sintió el Corazón de María cuando el cuerpo de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas.

-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre

Séptimo Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro (Juan 19, 38-42)

7¡Oh Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan nos acogiste como a tus hijos al pie de la cruz y ello a costa de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de que merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre

 

Oración final

Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubre mi alma con tu protección maternal a fin de que siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y obedezca Su divina voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a tu Corazón que está totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo. Átame a tu Corazón y al Corazón de Jesús con tus virtudes y dolores. Protégeme siempre. Amén.

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Fuente: http://www.corazones.org/maria/siete_dolores2.htm
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