Confesiones

descargaLa Confesión era el principal trabajo diario del Padre Pío. Él hacía este trabajo mirando dentro de los penitentes. Por ello, no era posible mentirle al Padre Pío durante una confesión. El veía dentro del corazón de los hombres. A menudo, cuando los pecadores eran tímidos, el Padre Pío enumeraba sus pecados durante la confesión.

El Padre Pío invitaba a todos los fieles a confesarse al menos una vez por semana. Él decía: “Aunque una habitación quede cerrada, es necesario quitarle el polvo después de una semana”.

En el sacramento de la confesión, el Padre Pío era muy exigente. Él no soportaba a los que iban a él sólo por curiosidad.

Un fraile contó: Un día el Padre Pío no dio la absolución a un penitente y luego le dijo: “Si tú vas a confesarte con otro sacerdote, tú te vas al infierno junto con el otro que te dé la absolución”.

El entendía que el Sacramento de la Confesión era profanado por los hombres que no querían cambiar de vida. Ellos se hallan culpables frente Dios.

Un señor fue a confesarse con el Padre Pío, a San Giovanni Rotondo, entre 1954 y 1955. Cuando acabó la acusación de los pecados, el Padre Pío le preguntó: “¿Tienes otro?”, y él contestó: “no padre”. El Padre repitió la pregunta: “¿tienes otro”?, “no, padre”. Por tercera vez el Padre Pío le preguntó: “¿tienes otro”?. A la tercera respuesta negativa se acaloró el huracán. Con la voz del Espíritu Santo el Padre Pío gritó: “¡Calle! Calle! Porque tú no estás arrepentido de tus pecados! “.

El hombre quedó petrificado por la vergüenza que pasó frente a mucha gente. Luego trató de decir algo. Pero el Padre Pío le dijo: “Estás callado, cotilla, tú has hablado bastante; ahora yo quiero hablar: ¿Es verdadero que frecuentas las salas de fiestas? ¿Sabes tú que el baile es una invitación al pecado?”.

El hombre se fue asombrado y no supo qué cosa decir ya que tenía el carné de socio de una sala de fiestas en su billetera. El hombre prometió no cometer otros pecados y después de mucho tiempo tuvo la absolución.

La murmuración

Cuando uno habla mal de un amigo suyo se está destruyendo su reputación y el honor del hermano que tiene en cambio derecho a gozar de consideración.

Un día el Padre Pío dijo a un penitente:

“Cuando tú murmuras de una persona quiere decir que tú no quieres a aquella persona, tú has sacado a la persona de tu corazón. Pero sabes qué, cuando sacas a un hombre de tu corazón, también Jesús se va fuera de tu corazón junto con aquel hombre”.

Una vez, el Padre Pío fue invitado a bendecir una casa. Pero cuando llegó a la entrada de la cocina él dijo: “Aquí hay serpientes, yo no entro”. Y luego le dijo a un sacerdote que a menudo frecuentaba aquella casa para comer: “no vayas a esa casa porque ellos dicen cosas feas de sus hermanos”.

La blasfemia

Un hombre era originario de la Región de las Marcas. Él partió de su país, con un amigo suyo, en un camión. Transpotaban muebles cerca de San Giovanni Rotondo. Mientras hicieron la última subida, antes de llegar al destino, el camión se rompió y se paró. Intentaron hacer arrancar el motor pero no tuvieron éxito.

El chófer perdió la calma y lleno de cólera blasfemó. Al día siguiente, los dos hombres fueron a San Giovanni Rotondo donde vivía la hermana de uno de los dos hombres. Con la ayuda de su hermana lograron ir al Padre Pío para confesarse.

Entró el primer hombre pero el Padre Pío lo cazó afuera. Luego le llegó el turno al chófer que empezó el coloquio y le dijo al Padre Pío: “Me he irritado”. Pero el Padre Pío gritó: “¡Desdichado! has blasfemado a nuestra Mamá! ¿Qué te ha hecho la Virgen”?. Y lo mandó fuera.

El demonio está mucho cerca de los que blasfeman

En un hotel de San Giovanni Rotondo no era posible descansar ni de día ni de noche porque estaba una niña endemoniada que chillaba de modo que daba susto. La mamá de la niña la llevaba cada día a la Iglesia. Ahí esperó a que el Padre Pío liberara a la niña del espíritu del mal. También en la iglesia la niña gritó muchísimo. Una mañana, el Padre Pío tras haber confesado a algunas mujeres se encontró frente a él a la niña que gritaba espantosamente. La niña fue retenida con dificultad por dos o tres hombres. El Padre Pío, ya aburrido de todo aquel trasiego, dio un golpe con su pie a la niña y luego golpeó la cabeza de la niña y dijo: “Ahora” basta!

La pequeña cayó a la tierra. El  Padre Pío le pidió a un médico que estuvo presente, que llevara a la niña a San Michele, al santuario del Monte San Ángel. Cuando el grupo llegó al destino, entraron a la gruta donde había aparecido San Michele. La niña se reanimó, pero nadie logró acercarla al altar dedicado al ángel. En el medio de la confusión, un fraile tomó la mano de la niña y tocó el altar. La niña cayó a tierra como si hubiera sido fulminada. Se levantó más tarde y como si nada hubiera sucedido le preguntó a su mamá: “¿podrías comprarme un helado?”

Ante esto, el grupo de personas volvió a San Giovanni Rotondo para informar y agradecer al Padre Pío. Pero el Padre Pío le dijo a la mamá: “dile a tu marido que no blasfeme más, de otro modo el demonio vuelve.”

Faltar a la Eucaristía

A los principios de los años ’50, un joven médico fue a confesarse con el  Padre Pío. Él dijo sus pecados y luego se quedó en silencio. El Padre Pío le preguntó al joven médico si tenía algún pecado que añadir pero el médico le respondió que no. Entonces el Padre Pío le dijo al médico: “recuerda que en los días festivos no se puede faltar tampoco a una sola Misa, porque ello es pecado mortal”.  En aquel momento el joven recordó haber “faltado” a una cita dominical con la Misa, un mes antes.

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Fuente: http://www.padrepio.catholicwebservices.com/ESPANOL/Confesion.htm

Clarividencia

clarividenciaPoseído solamente por los Santos, consiste en un don sobrenatural que les permite ver cosas lejanas o de prever el futuro o bien de ver y oír a distancia en el espacio y en el tiempo sin usar los mismos sentidos y las normales capacidades del intelecto. Se trata de mirar con los ojos del alma. Tal habilidad fue experimentada por el Padre Pío aunque, en él, encontró un desarrollo completamente particular. En efecto, el Padre Pío logró escudriñar a una persona hasta alcanzar las partes más ocultas del alma.

Muchos testimonios existen de estas intervenciones del Padre Pío:

Una señora de Bolonia cuenta:

 

“Una vez mi madre fue a ver al Padre Pío con algunas de sus amigas. Apenas llegó a San Giovanni Rotondo encontró en la Sacristía del convento al venerado Padre que enseguida le dijo: “¡Y tú estás acá! Vas enseguida a  casa porque tu marido está mal”. Mi madre quedó sin aliento, partió dejándolo en óptima salud. Cuando llegó a casa, alarmada, no hubo alguna novedad. Pero durante la noche mi padre tuvo graves dificultades de respiración. Algo le comprimió la garganta. Mi madre trató de calmarlo y llamó al médico. Hacia las once de la noche mi padre fue hospitalizado y llevado de urgencia al quirófano. El cirujano que lo operó le extrajo de la garganta dos vesículas de pus. El Padre Pío vio por lo tanto con antelación  lo que estuvo a punto de ocurrirle al marido de la señora y, con su consejo y su ruego logró influir en la feliz solución del caso”.

Un hijo espiritual del Padre Pío que habitó en Roma, estando junto a algunos amigos, por vergüenza, no hizo lo que se debe hacer al pasar al frente de una Iglesia, una pequeña reverencia en señal de saludo a Jesús sacramentado, levantándose el sombrero. He aquí entonces repentina y fuertemente escucha una voz – la voz de Padre Pío – y una palabra: “¡Cobarde!” Fue después de algún tiempo a San Giovanni Rotondo y sintió al Padre Pío que le dijo: “Atento, esta vez te he regañado solamente, la próxima vez te daré una bonita bofetada”.

A la hora del ocaso, en el jardín del convento, el Padre Pío, que está conversando amablemente con algunos fieles e hijos espirituales, y se da cuenta de no tener consigo el pañuelo. Entonces se dirige a uno de los presentes y le dice: “Por favor, he aquí la llave de mi habitación, tengo que sonarme la nariz, tráeme el pañuelo”. El hombre va a la habitación, pero, además del pañuelo, toma uno de los medios guantes de Padre Pío y se lo pone en el bolsillo. ¡No puede perder una ocasión de tener una reliquia! Pero al regresar al jardín, entrega el pañuelo y  siente decir  al Padre Pío: “Gracias, pero ahora vuelve en la celda y repones en el cajón el medio guante que te has metido en el bolsillo”.

Una señora, cada tarde, antes de ir a dormir, se arrodilló adelante de una fotografía del Padre Pío y le pidió la bendición. El marido, incluso siendo un buen católico y fiel del Padre Pío, creyendo que aquel gesto era exagerado, se burlaba de su esposa riéndose. Un día habló con el  Padre Pío: “Mi mujer, cada tarde se arrodilla delante de vuestra fotografía y os pide la bendición”. “Usted, lo sabe”: el  Padre Pío le contestó, “y tú  te ríes cada tarde.”

Un día, un hombre, católico aprendiz, y estimado en los medios eclesiásticos, fue a confesarse con el Padre Pío. Ya que quiso justificar su conducta, empezó señalando a una “crisis espiritual”. En realidad vivió en el pecado: él estaba casado y descuidó a su mujer y trató de superar la crisis entre los brazos de una amante. Nunca imaginó estar arrodillado a los pies de un confesor “anormal”.  El Padre Pío, levantándose velozmente, gritó: “¡No es una crisis espiritual! Tú eres un adúltero y Dios se ha irritado contigo. ¡Vas fuera!”.

Además de las visiones, los religiosos del convento de Venafro, que hospedaron al Padre Pío por poco tiempo, fueron testigos de otros fenómenos inexplicables. Cuando estuvo gravemente enfermo, el Padre Pío demostró estar en absoluta capacidad de leer los pensamientos de las personas. Un día el Padre Agostino fue a buscarlo. “Esta mañana haga una oración particular por mí”, dijo el Padre Pío, y le preguntó qué pasaba. Bajando a la iglesia, el Padre Agostino decidió encomendar al fraile de manera muy especial durante la Santa Misa, pero luego se le olvidó hacerlo. El Padre Pío le preguntó: ¿Ha rogado por mí? Lo olvidé, dijo el Padre Agostino .Y el Padre Pío contestó: “menos mal qué el buen Dios, ha aceptado el propósito que UD tenía cuando bajó las escaleras”.

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Los perfumes

 

PioRoses2La osmogenesia es un carisma poseído por algunos Santos. Tal carisma, en algunas circunstancias permitió percibir a distancia perfumes particulares. Tales perfumes son definidos como olores de santidad. El Padre Pío poseyó tal carisma y tales fenómenos fueron tan frecuentes para él que la gente común fue acostumbrada a definirlos como los Perfumes del Padre Pío.

A menudo el perfume emanó de su persona, de los objetos que tocó o de sus vestidos. Otras veces el perfume fue perceptible en los lugares por donde pasó.
Algunos de los casos más conocidos de este carisma recibido por el Padre Pío fueron:

Un día un conocido médico sacó de la llaga del costado del Padre Pío una venda que fue usada para taponar la sangre. Él guardó la venda en un estuche para llevarla  al laboratorio de Roma, para analizarla. Durante el viaje, un Oficial y otras personas que estuvieron con él dijeron sentir el perfume que generalmente el Padre Pío emanaba. Ninguna de aquellas personas sabía que el médico tenía en el bolso la venda empapada de la sangre del Padre Pío. El médico conservó aquel paño en su estudio, y el extraño perfume impregnó por largo tiempo el entorno, tanto que los pacientes que fueron de visitas pidieron explicaciones.

El Fraile Modestino contó:

 

“Una vez me encontraba de vacaciones en San Giovanni Rotondo. En la mañana  me presenté en la Sacristía para servir la Misa al Padre Pío, pero otros monjes discutieron para tener este privilegio. El Padre Pío interrumpió aquella discusión y dijo – la Misa sólo la sirve él – y me indicó. Nadie habló más, acompañé al Padre al altar de San Francisco. Yo empecé a preparar el Altar para la Santa Misa en absoluta concentración. En el momento del “Sanctus” tuve un repentino deseo de percibir aquel indescriptible perfume que ya muchas veces olí cuando besé la mano de Padre Pío. El deseo fue concedido enseguida. Una oleada de perfume me envolvió. El perfume siempre aumentó más. Ya no lograba  respirar. Me apoyé con la mano en la balaustrada para no caer. Estuve a punto de desmayarme y le pregunté mentalmente al Padre Pío para evitar esto frente a tanta gente. En aquel preciso instante el perfume desapareció. En la tarde, mientras acompañé el Padre a su celda, le pedí al Padre Piadosas explicaciones sobre el fenómeno. Me contestó: “Hijo mío, no soy yo. Es  Dios  el que actúa. Lo hace sentir cuando quiere y a quien quiere. Todo ocurre como le gusta a él”.

 

 

Cuenta una señora:

 

“Mi marido tuvo un accidente de transito y fue transportado moribundo al hospital de Tarento. Los médicos dijeron que no podían salvarlo. Cuando  fui a visitarlo, cada día rogué delante de un monumento del Padre Pío que estaba en el jardín del hospital. El “Santo” un día, para darme la señal de haber acogido mis súplicas, me hizo sentir un maravilloso perfume de azucenas. Desde aquel momento las condiciones de mi marido mejoraron y se han encaminado hacia la completa curación”.

El Fraile Ludovico de San Giovanni Redondo asegura que “el Padre Pío dejó una estela de perfume, cuando pasó por las botaduras locales del convento”.

El Padre Federico certifica: “A veces, para saber dónde estuvo el Padre Pío, era suficiente seguir la estela del perfume”.

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Los milagros

milagros

Es muy difícil establecer una definición para la palabra “milagro”. Los Milagros son considerados expresiones de lo sobrenatural. También nosotros podemos decir que un milagro es un fenómeno que ocurre distinto de las leyes naturales y obedecen  a una fuerza más avanzada: ¡la voluntad de Dios!

Toda la vida del Padre Pío estaba llena de milagros, pero nosotros tenemos que prestar atención a la naturaleza del milagro que siempre es divino. De esta manera, el Padre Pío siempre convidó a las personas a darle gracias a Dios, verdadero autor de todo milagro.

Un milagro que se ha atribuido como el primero del Padre Pío ocurrió en 1908. En ese momento él vivía en el convento de Montefusco. Un día en que él fue al bosque a coleccionar los alazanes en una bolsa; Él quiso enviársela en Pietrelcina a su tía Daría. Ella siempre había sido muy afectuosa con él. La mujer recibió y comió los alazanes y guardó la bolsa de recuerdo. Tía Daría días después, estaba buscando algo en un cajón dónde su marido normalmente tenía polvo. Era de noche, y ella se alumbraba con una vela, cuando de repente el cajón se incendió. Tía Daría fue alcanzada por el fuego. En un instante, ella agarró la bolsa que contuvo los alazanes del padre Pío y se la puso en la cara. Inmediatamente, su dolor desapareció y ninguna herida o marca de la quemadura permanecían en su cara.

Durante la segunda guerra mundial, en Italia, el pan se racionó. En el convento del Padre Pío había siempre muchos invitados más los pobres que siempre iban allí pidiendo comida. Un día los Frailes se encontraron con que apenas tenían dos libras aproximadamente de pan. Todos los hermanos oraron antes de sentarse a comer. El Padre Pío entró en la Iglesia, y rato después  regresó con muchísimo pan en sus manos. El Superior le preguntó al Padre Pío: “¿Dónde usted ha encontrado pan?” El Padre Pío contestó: “me los dio un peregrino en la puerta”. Nadie habló,  pero todos pensábamos que sólo el  Padre Pío podía encontrar a ese peregrino.

Una vez en el convento del Padre Pío, un fraile se olvidó de organizar el personal para la Sagrada Comunión. Por esta razón habían solamente unas pocas personas  disponibles. Pero después que terminó de confesar, el Padre Pío organizó a las personas para impartir la Sagrada Comunión; y permaneciendo en el servicio, fueron mucho más de las que anteriormente habían.

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Los estigmas

estigmas

Padre Pío es el primer sacerdote estigmatizado y el Santo que ha llevado por más tiempo los estigmas de Jesús (50 años).

La palabra estigma viene del griego y significa marca o señal en el cuerpo y era el resultado del sello de un hierro candente con el cual se marcaba a los esclavos.

En sentido médico estigma quiere decir una mancha enrojecida sobre la piel que es causada porque la sangre sale de los vasos por una fuerte influencia nerviosa, pero que nunca llega a perforarse.

En cambio, los estigmas que han tenido los místicos son lesiones reales de la piel y de los tejidos, llagas verdaderas como las han descrito los doctores Romanelli y Festa, en el caso de Padre Pío.

El vicepostulador de la Causa de canonización de Padre Pío divide la estigmatización del Sacerdote Capuchino en 2 periodos: uno de preparación al grande fenómeno, que duró 8 años, (septiembre de 1910 – septiembre de 1918), en el que los estigmas eran invisibles, aunque no por ello menos dolorosos; y el segundo, desde el 20 de septiembre de 1918 hasta el 23 de septiembre de 1968 en el que las llagas aparecieron visibles, vivas y sangrantes en sus manos, pies y costado.

Era el 20 de septiembre de 1918, un poco antes del medio día, cuando un grito angustioso hizo correr a los frailes al Coro en la Capilla de Santa María de la Gracia.

¡Milagro!, Padre Pío estaba extendido sobre el piso, como muerto, herido en las manos, en el corazón y los pies. De las heridas brotaba sangre.

Él mismo escribía:

“Era la mañana del 20 del mes pasado, en el coro, después de la celebración de la Santa Misa, cuando fui sorprendido por un descanso, semejante a un dulce sueño… vi frente a mi a un misterioso personaje, me di cuenta de que mis manos, pies y costado estaban perforados y que brotaba sangre. Podéis imaginar el afán que experimenté entonces y que he venido experimentando continuamente casi todos los días. De la herida del corazón brota sangre constantemente, especialmente desde el jueves hasta el sábado…”.

Rayos invisibles de amor, como dardos, habían salido de las 5 llagas santas del Crucifijo que se veía enfrente.

La noticia se difundió rápidamente por todo el mundo y provocó sentimientos de entusiasmo. Su fama de santo religioso que siempre había tenido, se volvió desbordante y atrajo la atención de las multitudes, suscitando inquietantes problemas para la Iglesia y para la ciencia.

Vinieron al Convento creyentes e incrédulos. Personalidades de todos los rangos se le acercaron: familias reales, grandes estadistas, altos prelados de la Iglesia, hombres de arte y de cultura y millones de personas de todas las razas. A todos Padre Pío les dio directrices para la vida de su espíritu y les enseñó con sus exhortaciones y su ejemplo, que la oración debe ser el fundamento de nuestra vida.

A pesar de la gran cantidad de gente que venía a verlo, de la curiosidad, las polémicas y de los debates a su alrededor, Padre Pío atendía con humildad, perseverancia y obediencia sus tareas de sacerdote: en particular la celebración de la Santa Misa y las confesiones.

Con el don de los estigmas, inició el calvario de Padre Pío. Un calvario físico notable porque al fuerte dolor que le provocaban las heridas, se agregaba la falta de fuerzas causada por la pérdida de sangre. Pero su calvario más difícil de soportar fue el espiritual, provocado por la reacción de ciertas personas mientras la noticia de los estigmas se difundía. Muchos fueron  los escépticos, muchos dudaron de la veracidad del fenómeno.

En varias ocasiones Padre Pío había criticado a algunos sacerdotes con los que no estaba de acuerdo con su comportamiento y se había creado enemigos, sobre todo en el clero secular. Uno de sus más acérrimos enemigos fue el Arzobispo de Manfredonia, quien declaró que Padre Pío estaba “endemoniado”. En ese momento la Santa Sede tuvo que profundizar el caso del sacerdote estigmatizado, con la cautela  que le es propia y también con la severidad que no puede faltar en los organismos que operan en el difícil campo de los fenómenos sobrenaturales que pueden crear en los fieles grandes turbaciones. Médicos y hombres de ciencia comenzaron a ir a San Giovanni Rotondo, enviados por el Vaticano y por organismos religiosas listos para indagar y hacer declaraciones durísimas para desmitificar los estigmas “concedidos” a Padre Pío. Los reportes eran variados. Hubo quien decía que se trataba de fenómenos sobrenaturales y otros que decían que era una manifestación morbosa de histerismo. La veracidad de la naturaleza sobrenatural de los estigmas era aceptada difícilmente. Seguían las dudas y por supuesto, las visitas de control.

En 1923, durante el pontificado del Papa Pío XI, los superiores de Padre Pío, en su prudencia, consideraron segregarlo, prohibiéndole celebrar misas en público, confesar y escribir. Él aceptó todo, de Dios y de los hombres, con resignación y con alegre serenidad pues sabía que era un hombre privilegiado. La prohibición fue revocada el 16 de julio de 1933, ya que muchos observadores enviados por Su Santidad se expresaron en su favor declarando que los estigmas no eran el producto de un traumatismo externo, ni eran consecuencia de la aplicación de sustancias químicas, que nunca dieron lugar a fenómenos supurativos y nunca lograron cicatrizar, ni con ayuda de la ciencia, ni por la naturaleza. El Papa dio orden al Santo Oficio que emitiera un decreto que autorizaba a Padre Pío para celebrar misa y, un año después llegó el permiso para volver a confesar.

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Fuente: http://www.padrepiosanto.info/Estigmas.htm

Bilocación

bilocacionLa Bilocación puede ser definida como la presencia simultánea de una persona en dos lugares diferentes. Numerosos testimonios unidos a la tradición religiosa cristiana cuentan varios sucesos de bilocación atribuidos al Padre Pío. Éstos son algunos testimonios:

Un ex oficial del ejército, un día entró a la Sacristía y mirando al Padre Pío le dijo “Es justo él, no se equivoca”. Se acercó, cayó de rodillas y llorando repitió – Padre gracias  por salvarme la vida en el campo de batalla. Sucesivamente el hombre contó a los presentes: “fui un Capitán de infantería y un día, sobre el campo de batalla, en una hora terrible de fuego, algo lejos de mí, vi a un fraile, pálido y de  ojos expresivos que me dijo: “Sr. Capitán,  aléjese de  ese sitio”.  Inmediatamente corrí y antes de que llegara al sitio donde antes me encontraba, estalló una granada enorme que abrió un remolino. Me volví hacia el monje para agradecerle pero ya había desaparecido”.  El Padre Pío en bilocación le salvó la vida.

Hasta el beato Don Orión declaró  lo siguiente sobre la bilocación del Padre Pío:

“En la Basílica de San Pietro, en la ceremonia de beatificación de Santa Teresa del Niño Jesús, estaba también el Padre Pío, en bilocación. Lo vi venir hacia mí, sonriendo. Fui a su  encuentro, a través de la muchedumbre, pero cuando llegué, él desapareció”.

El Padre Pío en bilocación celebró una Misa en la Capilla de un monasterio de monjas en Checoslovaquia, en  1951. Después de la celebración de la Misa las monjas fueron a  la Sacristía para ofrecerle al Padre una tacita de café y darle las gracias por la Misa y la inesperada visita, pero en la Sacristía no había nadie. Las monjas pudieron constatar así que el Padre Pío fue a efectuar  la Santa Misa  en bilocación.

La Madre Esperanza, fundadora de las Criadas del amor Misericordioso, contó de haber visto al Padre Pío, por un año entero, todos los días en Roma. Sabemos muy bien que el Padre no ha estado nunca en Roma, si no una vez para acompañar a la hermana que decidió entrar al monasterio de clausura en el año  1917. Estuvo en bilocación todos los días.

La última bilocación conocida del Padre Pío fue la tarde anterior al día de su muerte. El Padre Pío fue a saludar a Génova al cofrade Padre Humilde que se accidentó por una caída ocurrida el 29 de agosto de 1968.

Hacia las 16.30 del 22 de septiembre 1968 Sor Ludovica va a ver al padre Humilde para llevarle una taza de té. La religiosa siente un fuerte perfume de flores que inunda todo el entorno. Como ella no conoce el origen del perfume, mira al fraile por una explicación.

El Padre Humilde con espontaneidad le dice: “el Padre Pío ha venido a saludarme y me ha dado su último adiós”. Al día siguiente se difunde la noticia de la muerte de Padre Pío.

 

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Fuente: http://www.padrepio.catholicwebservices.com/ESPANOL/Bilocacion.htm

Biografía Padre Pío

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Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina. Hijo de Grazio Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue bautizado al día siguiente recibiendo el nombre de Francisco. A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.

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El 6 de enero de 1903, cuando contaba 16 años, entró en el noviciado de la orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde el 22 del mismo mes vistió el hábito franciscano y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado el año de noviciado, emitió la profesión de los votos simples y el 27 de enero de 1907 la profesión solemne.

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Después de la ordenación sacerdotal, recibida el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por motivos de salud permaneció con su familia hasta 1916. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo y permaneció allí hasta su muerte.

imagesEnardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre, según la misión especial que caracterizó toda su vida y que llevó a cabo mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad.

descargaExpresó el máximo de su caridad hacia el prójimo acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas personas que acudían a su ministerio y a su confesionario, recibiendo su consejo y su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban en la iglesia, en la sacristía y en el convento. Y él se daba a todos, haciendo renacer la fe, distribuyendo la gracia y llevando luz. Pero especialmente en los pobres, en quienes sufría, y en los enfermos, él veía la imagen de Cristo y se entregaba especialmente a ellos. Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia, obraba y aconsejaba a la luz de Dios. Su preocupación era la gloria de Dios y el bien de las almas. Trató a todos con justicia, con lealtad y gran respeto.

esp87eEn el orden de la caridad social se comprometió en aliviar los dolores y las miserias de tantas familias, especialmente con la fundación de la «Casa del Alivio  del Sufrimiento», inaugurada el 5 de mayo de 1956. Para el Siervo de Dios la fe era la vida: quería y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado asiduamente a la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio con Dios. Decía: “En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios”. La fe lo llevó siempre a la aceptación de la voluntad misteriosa de Dios.

PadrePioStigmaBrilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo aceptó inmediatamente con valor y por amor. Experimentó durante muchos años los sufrimientos del alma. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad. Aceptó en silencio las numerosas intervenciones de las Autoridades y calló siempre ante las calumnias. Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir.

Padre Pio 02 (3)Consciente de los compromisos adquiridos con la vida consagrada, observó con generosidad los votos profesados. Obedeció en todo las órdenes de sus superiores, incluso cuando eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural en la intención, universal en la extensión e integral en su realización. Vivió el espíritu de pobreza con total desprendimiento de sí mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección por la virtud de la castidad. Su comportamiento fue modesto en todas partes y con todos.

PADRE PÍO DE PIELTRECINA - Ppiopreg

Se consideraba sinceramente inútil, indigno de los dones de Dios, lleno de miserias y a la vez de favores divinos. En medio de tanta admiración del mundo, repetía: “Quiero ser sólo un pobre fraile que reza”.

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Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta y, especialmente, en los últimos años de su vida, empeoró rápidamente. La hermana muerte lo sorprendió preparado y sereno el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. La concurrencia a su funeral fue extraordinaria.

PaoloviEl 20 de febrero de 1971, apenas tres años después de la muerte del Siervo de Dios, Pablo VI, dirigiéndose a los Superiores de la orden Capuchina, dijo de él: “!Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Porque era un sabio? ¿Porque tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento”.

beatificación padre pioEl 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne Concelebración Eucarística en la plaza de San Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con su autoridad apostólica declaró Beato al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietrelcina, estableciendo el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica. El 16 de Julio de 2002, en la Plaza de San Pedro, Su Santidad Juan Pablo II canonizó a San Pío de Pietrelcina.

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Fuente: https://www.ewtn.com/padrepio/sp/hombre/biograf%C3%ADa.htm

Devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado-Corazon-de-Jesus

Sagrado-Corazon-de-Jesus

La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo. La devoción al Sagrado Corazón está por encima de otras devociones porque veneramos al mismo Corazón de Dios. Pero fue Jesús mismo quien, en el siglo diecisiete, en Paray-le-Monial, Francia, solicitó, a través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón.

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Novena a la Divina Misericordia

Novena a la Divina Misericordia

Novena a la Divina Misericordia   novenamisericor

“Deseo –dijo el Señor Jesús a Sor Faustina- que durante esos nueve días lleves a las almas a la fuente de mi misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y, especialmente, en la hora de la muerte. Cada día traerás a mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de mi misericordia. Y todas estas almas yo las introduciré en la casa de mi padre (…) Cada día pedirás a mi Padre las gracias para estas almas por mi amarga pasión”.

Primer día

Hoy, tráeme a toda la humanidad y especialmente a todos los pecadores, y sumérgelos en el mar de mi misericordia. De esta forma, me consolarás de la amarga tristeza en que me sume la pérdida de las almas.

Jesús misericordiosísimo, cuya naturaleza es la de tener compasión de nosotros y de perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu bondad infinita.

Acógenos en la morada de tu compasivísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él. Te lo suplicamos por tu amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.

Padre eterno, mira con misericordia a toda la humanidad, y especialmente a los pobres pecadores que están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús y por su dolorosa pasión muéstranos tu misericordia para que alabemos la omnipotencia de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amen.

Coronilla a la Divina Misericordia

Segundo día

Hoy, tráeme a las almas de los sacerdotes y los religiosos, y sumérgelas en mi misericordia insondable. Fueron ellas las que me dieron fortaleza para soportar mi amarga pasión. A través de ellas, como a través de canales, mi misericordia fluye hacia la humanidad.

Jesús misericordiosísimo, de quien procede todo bien, aumenta tu gracia en nosotros para que realicemos dignas obras de misericordia, de manera que todos aquellos que nos vean, glorifiquen al Padre de misericordia que está en el cielo.
Padre eterno, mira con misericordia al grupo elegido de tu viña, a las almas de los sacerdotes y a las almas de los religiosos; otórgales el poder de tu bendición. Por el amor del Corazón de tu Hijo, en el cual están encerradas, concédeles el poder de tu luz para que puedan guiar a otros en el camino de la salvación y a una sola voz canten alabanzas a tu misericordia sin límite por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Tercer día

Hoy, tráeme a todas las almas devotas y fieles, y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Estas almas me consolaron a lo largo del vía crucis.
Fueron una gota de consuelo en medio de un mar de amargura.

Jesús misericordiosísimo, que desde el tesoro de tu misericordia les concedes a todos tus gracias en gran abundancia, acógenos en la morada de tu compasivísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él. Te lo suplicamos por el inconcebible amor tuyo con que tu Corazón arde por el Padre celestial.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas fieles como herencia de tu Hijo y por su dolorosa pasión, concédeles tu bendición y rodéalas con tu protección constante para que no pierdan el amor y el tesoro de la santa fe, sino que con toda la legión de los ángeles y los santos, glorifiquen tu infinita misericordia por los siglos de los siglos, Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Cuarto día

Hoy, tráeme a aquellos que no creen en Dios y aquellos que no me conocen. También pensaba en ellos durante mi amarga pasión y su futuro celo consoló mi Corazón. Sumérgelos en el mar de mi misericordia.

Jesús compasivísimo, que eres la luz del mundo entero. Acoge en la morada de tu piadosísimo Corazón a las almas de aquellos que no creen en Dios y de aquellos que todavía no te conocen. Que los rayos de tu gracia las iluminen para que también ellas, unidas a nosotros, ensalcen tu misericordia admirable y no las dejes salir de la morada de tu compasivísimo Corazón.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas de aquellos que no creen en ti, y de los que todavía no te conocen, pero que están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús. Atráelas hacia la luz del evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellas ensalcen la generosidad de tu misericordia por los siglos de los siglos, Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Quinto día

Hoy, tráeme a las almas de los hermanos separados y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Durante mi amarga pasión, desgarraron mi cuerpo y mi corazón, es decir, mi Iglesia.
Según regresan a la Iglesia, mis llagas cicatrizan y de este modo alivian mi pasión.

Jesús misericordiosísimo, que eres la bondad misma, tú no niegas la luz a quienes te la piden. Acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas de nuestros hermanos separados y llévalas con tu luz a la unidad con la Iglesia y no las dejes escapar de la morada de tu compasivísimo Corazón, sino haz que también ellas glorifiquen la generosidad de tu misericordia.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas de nuestros hermanos separados, especialmente a aquellos que han malgastado tus bendiciones y han abusado de tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores. No mires sus errores, sino el amor de tu Hijo y su amarga pasión que sufrió por ellos, ya que también ellos están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús. Haz que también ellos glorifiquen tu gran misericordia por los siglos de los siglos, Amen.

Coronilla a la Divina Misericordia

Sexto día

Hoy, tráeme a las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas en mi misericordia. Éstas son las almas más semejantes a mi Corazón. Ellas me fortalecieron durante mi amarga agonía. Las veía como ángeles terrestres que velarían al pie de mis altares. Sobre ellas derramo torrentes enteros de gracias. Solamente el alma humilde es capaz de recibir mi gracia; concedo mi confianza a las almas humildes.

Jesús Misericordisísimo, tú mismo haz dicho: “Aprendan de mi, que soy manso y humilde de corazón”. Acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños. Estas almas llevan a todo el cielo al éxtasis y son las preferidas del Padre celestial. Son un ramillete perfumado ante el trono de Dios, de cuyo perfume se deleita Dios mismo. Estas almas tienen una morada permanente en tu compasivísimo Corazón y cantan sin cesar un himno de amor y misericordia por la eternidad.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas mansas y humildes, y a las almas de los niños pequeños que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son las más semejantes a tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra y alcanzan tu trono. Padre de misericordia y de toda bondad, te suplico por el amor que tienes por estas almas y el gozo que te proporcionan, bendice el mundo entero para que todas las almas canten juntas las alabanzas de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Séptimo día

Hoy, tráeme a las almas que veneran y glorifican mi misericordia de modo especial y sumérgelas en mi misericordia. Estas almas son las que más lamentaron mi pasión y penetraron más profundamente en mi espíritu. Ellas son un reflejo viviente de mi Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con un resplandor especial en la vida futuro. Ninguna de ellas irá al fuego del infierno.
Defenderé de modo especial a cada una en la hora de la muerte.

Jesús misericordisísimo, cuyo corazón es el amor mismo, acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas que veneran y ensalzan de modo particular la grandeza de tu misericordia. Estas almas son fuertes con el poder de Dios mismo. En medio de toda clase de aflicciones y adversidades siguen adelante confiadas en tu misericordia y unidas a ti, ellas cargan sobre sus hombros a toda la humanidad.
Estas almas no serán juzgadas severamente, sino que tu misericordia las envolverá en la hora de la muerte.
Padre eterno, mira con misericordia a aquellas almas que glorifican y veneran tu mayor atributo, es decir tu misericordia insondable y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son un evangelio viviente, sus manos están llenas de obras de misericordia y sus corazones desbordantes de gozo cantan a ti, Oh altísimo, un cántico de misericordia.
Te suplico, oh Dios, muéstrales tu misericordia según la esperanza, la confianza que han puesto en ti, que se cumpla en ellas la promesa de Jesús que les dijo: “A las almas que veneren esta infinita misericordia mía, Yo mismo las defenderé como mi gloria durante sus vidas, especialmente en la hora de la muerte”.

Coronilla a la Divina Misericordia

Octavo día
Hoy, tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Que las torrentes de mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a mi justicia. Está en tu poder llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia y ofrécelas en su nombre. Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tiene con mi justicia.
Jesús misericordisísimo, tú mismo has dicho que deseas la misericordia, he aquí yo que llevo a la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas del purgatorio, almas que te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adecuada a tu justicia. Que los torrentes de agua y sangre que brotaron de tu Corazón apaguen el fuego del purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de tu misericordia.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el purgatorio y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa pasión de Jesús, tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su sacratísima alma fue inundada, muestra tu misericordia a las almas que están bajo tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, tu amadísimo Hijo, ya que creemos que tu bondad y tu compasión no tienen límites. Amén.

Coronilla a la Divina Misericordia

Noveno día
Hoy, tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Estas almas son las que más dolorosamente hieren mi Corazón. A causa de las almas tibias, mi alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellos dije: “Padre, aleja de mí este cáliz, si es tu voluntad”. Para ellos la última tabla de salvación consiste en recurrir a mi misericordia.
Jesús misericordiosísimo, que eres la compasión misma, te traigo a las almas tibias a la morada de tu piadosísimo Corazón. Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y te llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de tu amor puro. Oh Jesús compasivísimo, ejercita la omnipotencia de tu amor y concédeles el amor santo, porque ti lo puedes todo.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas tibias que, sin embargo, están encerradas en el piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la misericordia, te suplico por la amargura pasión de tu Hijo y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que también ellas glorifiquen el abismo de tu misericordia. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia

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Coronilla

La coronilla

Coronilla de la Divina Misericordia     guia_corona

El Señor Jesús dictó esta oración a Sor Faustina en Vilna, en 1935. En las revelaciones posteriores mostró su importancia y eficacia así como transmitió las promesas a ella vinculadas.
En esta oración ofrecemos a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo, nos unimos a su Sacrificio en la cruz para salvar el mundo.
Ofreciendo a Dios Padre su “amadísimo Hijo”, recurrimos al motivo más fuerte para ser escuchados. Pedimos la misericordia “para nosotros y el mundo entero”. El pronombre “nosotros” se refiere a la persona que reza y a las almas por las cuales desea o está comprometida a orar. Mientras que “el mundo entero” son todas las personas que viven en la tierra y las almas que sufren en el purgatorio. Rezando esta coronilla cumplimos el acto de amor al prójimo que –junto con la confianza- es la condición indispensable para alcanzar gracias.

“A las almas que recen esta coronilla –prometió el Señor Jesús- me place concederles todo lo que me pidan”; y agregó: “si (…) está de acuerdo con mi voluntad”.

Las promesas particulares se refieren a la hora de la muerte: es la gracia de una muerte feliz y serena. La pueden recibir no solo quienes recen esta coronilla con confianza y perseverancia, sino también los moribundos si otras personas las rezan en torno a su lecho.

“Los sacerdotes –dijo Jesús- la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de la misericordia infinita”.

Por lo menos una vez, pero con la actitud conforme al contenido de la oración y ante todo con fe, confianza y humildad, así como un arrepentimiento profundo y sincero.

La coronilla a la Divina Misericordia
(Para rezarla con las cuentas del rosario)

Al comienzo

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos. Está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.

Al comienzo de cada decena:

Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero (una vez).

En cada cuenta de la decena:

Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero (diez veces).

Al terminar:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero (tres veces).

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