Santa Faustina

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Santa Faustina Kowalska

El testimonio de la vida y el mensaje de Santa Faustina ayudan a realizar las tareas, planteadas por el Santo Padre Juan Pablo II ante toda la Iglesia, de “proclamar y llevar a la práctica” el misterio de la Divina Misericordia y de orar por la misericordia para el mundo entero.

Nació en el año 1905 en la aldea de Glogowiec, cerca de Lodz, como la tercera de diez hermanos en la familia de los Kowalski.

Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, laboriosidad, obediencia y sensibilidad ante la pobreza humana. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para trabajar de empleada doméstica en cada de familias acomodadas.

A los 20 años entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde –como Sor María Faustina- vivió 13 años cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios. Desde niña había deseado ser una gran santa y, en consecuencia, caminó hacia este fin colaborando con Jesús en la obra de salvar a las almas perdidas, hasta ofrecerse como sacrificio por los pecadores. Los años de su vida conventual estuvieron marcados, pues, por el estigma del sufrimiento y las extraordinarias gracias místicas.

A esta sencilla hermana, abandonada totalmente en Dios, le dirigió el Señor Jesús las sorprendentes palabras:

“En el Antiguo Testamento le enviaba a mi pueblo los profetas con truenos. Hoy, te envío a toda la humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad llena de dolor, sino sanarla estrechándola contra mi corazón misericordioso”.

La misión de Santa Faustina consiste en:

 -Recordar la verdad de la fe, revelada en la Sagrada Escritura, sobre el amor misericordioso de Dios a cada hombre, incluido el pecador más grande.

 -Transmitir las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia.

 -Iniciar un gran movimiento de devotos y apóstoles de la Divina Misericordia que ha de llevar a la renovación religiosa de los fieles en el espíritu de esta devoción, es decir, en el espíritu evangélico del abandono de niño en Dios y el amor activo al prójimo.

Sor Faustina, destrozada físicamente por la tisis y los sufrimientos que ofrecía por los pecadores, murió en olor de santidad en Cracovia, el 5 de octubre de 1938, a los 33 años.

El primer domingo después de Pascua, el 18 de abril de 1993, en la Plaza de San Pedro –Roma- el Santo Padre Juan Pablo II la incluyó entre los beatos. Al día siguiente, durante la audiencia general dijo: “Dios nos habló a nosotros a través de la riqueza espiritual de la beata Sor Faustina Kowalska que dejó al mundo un gran mensaje de la Divina Misericordia e invitó al abandono total en el Creador. Dios le dio una gracia especial porque pudo conocer su misericordia a través de las experiencias místicas, gracias a un don extraordinario de la oración contemplativa.

Sor Faustina, te doy gracias por haber recordado al mundo este gran misterio de la Divina Misericordia. Este “conmovedor misterio”. El inexpresable misterio del Padre que hoy en día el hombre y el mundo tanto necesitan”.

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Diario de la Divina Misericordia. Santa Faustina