La propagación de la devoción

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“A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellos Juez sino Salvador misericordioso”.

El Señor Jesús invitando a propagar la devoción a la Divina Misericordia prometió la protección maternal durante la vida y en la hora de la muerte. Una promesa especial la dio a los sacerdotes diciendo:

“los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y conmoveré los corazones a los cuales hablen”.

La esencia del culto a la Divina Misericordia y de su apostolado consiste en el testimonio de vida en el testimonio de vida en el espíritu de esta devoción, es decir en el espíritu de una confianza infantil en la bondad y la omnipotencia de Dios y el amor al prójimo.

“Las almas –dijo el Señor Jesús- que adoren mi misericordia y propaguen la devoción a ella invitando a otras almas a confiar en mi misericordia no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi misericordia les dará amparo en este último combate”.

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