La Hora

 la horajpg“Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma”. “Esta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero”.

El Señor Jesús desea que cada día sea venerado el momento de su agonía en la cruz (las tres de la tarde), en el que –según dijo- “se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia”.
Desea también que a esta hora sea contemplada su dolorosa pasión, en la que se manifestó con máxima claridad el amor de Dios al hombre, y que sea adorada y alabada la misericordia de Dios. Quiere asimismo que por los méritos de su pasión supliquemos las gracias para nosotros y para el mundo entero y, especialmente para los pecadores.

“En esta hora –enseñó Jesús a Sor Faustina- procura rezar el vía crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el vía crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a mi Corazón que está lleno de misericordia.
Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante”.

“Es la hora –según lo prometió Jesús- en que puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. A esa hora nada le será negado al alma que me lo pida por los méritos de mi pasión”.

La oración en la hora de la misericordia se une estrechamente con las tres de la tarde, debe ser dirigida a Jesús y debe apelar al valor y a los méritos de su dolorosa pasión.

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