La Fiesta de la Divina Misericordia

La Fiesta de la Divina Misericordiafiesta

De acuerdo con el deseo del Señor Jesús, la fiesta ha de celebrarse el primer domingo de Pascua, lo que indica la estrecha relación que hay entre el misterio de la redención y esta fiesta. La liturgia de ese día alaba con la máxima plenitud a Dios en el misterio de su misericordia.

En la Fiesta de la Misericordia ha de ser no solamente un día de adoración especial a Dios en este misterio, sino también un día en que Dios colma de gracias a toda la humanidad, y en especial a los pecadores. El Señor Jesús vinculó grandes promesas a esta fiesta. La más grande la unió con la Santa Comunión que se reciba este día y es la promesa del perdón total de las culpas y de las penas, es decir, de la gracia que recibimos solamente en el sacramento del bautismo. La magnitud de esta fiesta consiste también en que todos, incluso quienes se convierten recién ese día, pueden recibir todo lo que pidan, si lo que piden está conforme a la voluntad de Dios.

“Deseo, -dijo Jesús a Sor Faustina- que esta imagen (…) sea bendecida solemnemente el primer domingo después de Pascuas; ese día debe ser la Fiesta de la Misericordia”. “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlatas”.

“La Fiesta de mi Misericordia ha brotado de (mis) entrañas para el consuelo del mundo entero (…) y está confirmada en el abismo de mis tiernas gracias”.

Prepara a la Fiesta de la Misericordia la Novena que consiste en rezar la Coronilla de la Divina Misericordia durante 9 días, a partir del Viernes Santo. En el Diario de Sor Faustina hay también otra novena que el Señor Jesús dictó para ella y dio una promesa pero destinada sólo para ella.

Celebración de la fiesta de la Misericordia

El Señor Jesús desea que ese día la imagen de la Misericordia sea bendecida solemnemente y venerada en público, es decir, litúrgicamente; que los sacerdotes hablen a las almas de esta inmensa e insondable misericordia de Dios.

Los fieles, para recibir estos grandes dones con los cuales el Señor Jesús desea colmar a cada hombre y a toda la humanidad, tienen que estar en estado de gracia santificante (después de confesarse), cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia, es decir, confiar en Dios y amar activamente al prójimo, y beber de la Fuente de la Vida, es decir, recibir la santa Comunión.

El Sacramento de reconciliación y penitencia

Palabras del Señor Jesús a Sor Faustina

“Cuando te acerques a la santa confesión, a esta fuente de mi misericordia, siempre fluye sobre tu alma la sangre y el agua que brotó de mi Corazón y ennoblece tu alma. Cada vez que vas a confesarte, sumérgete toda en mi misericordia con gran confianza para que pueda derramar sobre tu alma la generosidad de mi gracia. Cuando vas a confesarte debes saber que yo mismo te espero en el confesionario, sólo que estoy oculto en el sacerdote, pero yo mismo actúo en el alma. Aquí la miseria del alma se encuentra con el Dios de la misericordia. Dí a las almas que de esa fuente de la misericordia, las almas recogen gracias exclusivamente con el recipiente de mi confianza. Si su confianza es grande, mi generosidad no conocerá límites. Los torrentes de mi gracia inundan a las almas humildes. Los soberbios permanecen siempre en pobreza y miseria porque mi gracia se aleja de ellos dirigiéndose hacia las almas humildes”.

También nos dice a las almas:

“Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo. Allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten constantemente. Para obtener este milagro no es necesario hacer una peregrinación larga ni realizar ningún rito externo, sino que basta acercarse con fe a los pies de mi representante y confesarle con fe su miseria, entonces, el milagro de la misericordia se manifestará en toda su plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose, de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese perdido, no es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. ¡Oh, cuán infelices son los que no se aprovechan de este milagro de la Divina Misericordia! Lo pediréis en vano, pero será demasiado tarde”.

La Santa Comunión

La participación en las gracias preparadas por el Señor Jesús para la fiesta de la Misericordia, se relaciona con una plena participación en la liturgia de la Santa Misa, es decir, es necesario recibir la Santa Comunión a la cual se vincula la promesa del perdón total de las culpas y de las penas.

Palabras del Señor Jesús a Sor Faustina

“Deseo unirme a las almas humanas; mi gran alegría es unirme a las almas (…) Cuando en la Santa Comunión llego a un corazón humano, tengo las manos llenas de toda clase de gracias. Deseo dársela al alma, pero las almas ni siquiera le prestan atención; me dejan solo y se ocupan de otras cosas. ¡Oh, qué triste es para mi que las almas no reconozcan al Amor!”

“Oh, cuánto me duele que muy rara vez las almas se unan a mí en la Santa Comunión. Espero a las almas y ellas son indiferentes a mí. Las amo con tanta ternura y sinceridad y ellas desconfían de mí. Deseo colmarlas con gracias y ellas no quieren aceptarlas. Me tratan como una cosa muerta, mientras que mi Corazón está lleno de amor y misericordia”.

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